martes, 3 de diciembre de 2013

Avanzar

Paseaba por la playa, reflexionando. Sus pies acariciaban la arena mojada y recorría la costa, navegando entre pensamientos y dudas, entre deseos y rechazos. Se sentía perdida, a las puertas de un futuro incierto y sin ningún bastón al cual agarrarse. Se sentía perdida, porque tenía miedo. Hacía poco que había perdido a una mano compañera, y ahora se asomaba al abismo. Sola.  

Era fuerte, sin embargo.

Y lo sabía.

Una sonrisa se reflejó en su rostro. La luna jugaba con el mar, e intentaba llegar a la orilla con las olas. Los pies continuaban su danza, directos al horizonte. Así era la vida, una autopista sin permiso de retorno. En ese camino estaba ella, dejando atrás buenos y amargos recuerdos, intentando alcanzar otros nuevos. Otros que la hicieran renacer.

Pero su orgullo se alzaba en la noche. Ella era fuerte, era soñadora, era libre. Sabía que tras esa cortina que el miedo alza, se extendía su futuro soñado, aquel que quería y sabía que podía alcanzar.