lunes, 29 de septiembre de 2014

Perfecta imperfección

Él no dedica canciones. Ni escribe poesía. No es aquel hombre romántico que regala flores, bombones o cualquier otro obsequio que dicten las películas de amor. Es posible que se ría de las cursiladas de otros, y seas tú quien decida los lugares de encuentro. Y no te sorprendas si los celos no consiguen alterarle.

Él es así. Despreocupado, pero atento. Un caballero, sin ser príncipe.

Pero, también un refugio en el que abrigarse las frías noches de invierno. El oasis en el que resfrecarse los cálidos días de verano. La musa que te inspira para perderte entre palabras y cantar sin darte cuenta. El jazz que te embriaga e hipnotiza. El genio que convierte las horas compartidas en segundos. Aquel que inmortaliza pequeños instantes en una simple foto.

Son unos brazos que te agarran por sorpresa. Unos labios que buscan los tuyos cuando no son esperados. Unos ojos que te observan detenidamente, como si desearan grabar aquellos nimios detalles que te hacen sentir única.

Él es aquel hombre que te quiere.


domingo, 11 de mayo de 2014

Algo real

Mirar y nadar en unos ojos. Ver chispas que nunca antes habías apreciado. Que no sabías ni que existían. Entrelazar tus manos con aquellas que menos esperabas. Convertirte fan de una sonrisa. Descubrir la sinceridad en una persona. Y pensar que sí, que todo es posible.

Sentir un ejército de hormigas recorrer tu estómago. Abrazar el escalofrío que tu cuerpo experimenta al verlo. Pensar en un futuro, que se convierte en presente cuando te susurra 'te quiero'. Acariciar su rostro. Jugar con su nariz. Cepillar su pelo con tus dedos. Saber que en sus pensamientos tú eres la protagonista.


Adorar su ternura. Maravillarte por su independencia. Querer disfrutar de él a todas horas. Sonreír al echarle de menos. Darte cuenta de lo que nunca fue y ahora es. Llorar y reír, al mismo tiempo, de felicidad.


martes, 3 de diciembre de 2013

Avanzar

Paseaba por la playa, reflexionando. Sus pies acariciaban la arena mojada y recorría la costa, navegando entre pensamientos y dudas, entre deseos y rechazos. Se sentía perdida, a las puertas de un futuro incierto y sin ningún bastón al cual agarrarse. Se sentía perdida, porque tenía miedo. Hacía poco que había perdido a una mano compañera, y ahora se asomaba al abismo. Sola.  

Era fuerte, sin embargo.

Y lo sabía.

Una sonrisa se reflejó en su rostro. La luna jugaba con el mar, e intentaba llegar a la orilla con las olas. Los pies continuaban su danza, directos al horizonte. Así era la vida, una autopista sin permiso de retorno. En ese camino estaba ella, dejando atrás buenos y amargos recuerdos, intentando alcanzar otros nuevos. Otros que la hicieran renacer.

Pero su orgullo se alzaba en la noche. Ella era fuerte, era soñadora, era libre. Sabía que tras esa cortina que el miedo alza, se extendía su futuro soñado, aquel que quería y sabía que podía alcanzar.