Él no dedica canciones. Ni escribe
poesía. No es aquel hombre romántico que regala flores, bombones o
cualquier otro obsequio que dicten las películas de amor. Es posible
que se ría de las cursiladas de otros, y seas tú quien decida los
lugares de encuentro. Y no te sorprendas si los celos no consiguen
alterarle.
Él es así. Despreocupado, pero
atento. Un caballero, sin ser príncipe.
Pero, también un refugio en el que
abrigarse las frías noches de invierno. El oasis en el que
resfrecarse los cálidos días de verano. La musa que te inspira para
perderte entre palabras y cantar sin darte cuenta. El jazz que te
embriaga e hipnotiza. El genio que convierte las horas compartidas en
segundos. Aquel que inmortaliza pequeños instantes en una simple
foto.
Son unos brazos que te agarran por
sorpresa. Unos labios que buscan los tuyos cuando no son esperados.
Unos ojos que te observan detenidamente, como si desearan grabar
aquellos nimios detalles que te hacen sentir única.
Él es aquel hombre que te quiere.
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